Anécdotas de Izakaya

Hace ya unas semanas publiqué una entrada sobre el trabajo temporal en Japón donde explico qué requisitos hay que cumplir para poder trabajar legalmente, qué tipos de trabajos hay (MUY por encima) y el tipo de arubaito que estoy haciendo actualmente, el cual es en un izakaya.

Explicado de manera rápida y sencilla, los izakayas son un tipo de bar japonés donde la gente va a cenar generalmente y a beber. Son muy similares a los bares de tapas en españa, ya que la comida de los izakayas suele venir en raciones pequeñas y siempre siempre hay alcohol de por medio.

El izakaya donde yo trabajo está en una zona muy céntrica de Tokyo y debajo de un bloque de oficinas, así que ya os podéis imaginar cómo son el 90% de los clientes que van al bar: los míticos サラリーマン (sarari-man u hombres de negocios). Después de su jornada laboral les encanta ir a cenar y relajarse entre cervezas, sobre todo los viernes y fines de semana, y el local se llena de ellos. Al principio me imponían bastante, ya que siempre los he visto como personas muy muy serias. Pero el ambiente de un izakaya es muy serio, ya no es trabajo, y cambian  por completo. Aunque bueno, como todo en esta vida, hay excepciones.

Trabajando en el izakaya me han pasado un montón de cosas y tengo un montón de anécdotas (y las que me quedan, porque a este paso…). He divido la entrada en “tipos de clientes”, y dentro de cada categoría voy a contar algunas de las anécdotas más divertidas/desagradables/horrorosas que me han pasado.

  • Clientes que beben demasiado y pasa lo que pasa…

Aquí hay de todo. Dios, si es que todos los días que trabajo allí hay clientes borrachuzos. Y no solo hombres de negocios. La última que me tocó fue una chica super mona que estaba cenando con su pareja, bebieron demasiado y pasó lo que pasó. Llegó un punto en el que la pobre no podía hablar bien, se reía de todo y al volver… al volver pensó que la pared era la puerta de salida y estuvo empujándola un buen rato hasta que su novio fue a por ella y llevarla a la puerta de verdad. Ays…

Están los que beben y meten ruido… y los que beben y duermen en sus mesas mientras el resto de sus compañeros siguen hablando a voces. Una vez había un hombrecito gordito que apoyó su cabeza en las manos y se quedó dormidillo y oins, ¡¡era súper adorable!! Pero ey, también hay otros que se caen de las sillas por dormirse y no apoyarse en ningún sitio. También hay otros a los que los sacan fotos los compañeros con los que cenan 😀

Luego están aquellos que beben tanto que se caen de sus sillas o directamente se caen encima de la mesa tirando todo lo que hay encima. Cuántos vasos habré visto romperse… Y cúanta comida volar… Y cuánta gente quejándose porque claro, tiran cosas y manchan la ropa de otros clientes. A veces no asusta ver las cosas en el suelo, sino las voces que pegan las personas al tirar cosas. Eso sí, luego piden disculpas un montón, ya sea a los clientes o a los que trabajamos allí. Una vez una clienta se tiró por encima una copa de vino tinto en su falda blanca (dolor) y cuando fui a llevarla una toallita y a limpiar la zona se estuvo disculpando conmigo media hora: que si ay, qué mala era, que si era lo peor, que la perdonara, que no me enfadara con ella… En ese momento solo me dieron ganas de darla un abracito y hala, hala, acariciarla la espalda, ¡pobrica!

Y después están aquellos de directamente vomitan en las paredes. Sí, eso pasó en mi primer día de trabajo allí y bueno. Creo que no hace falta añadir nada más.

  • Clientes que son amor y hablan mucho contigo (y se pasan…)

Todos los días en el izakaya muchos clientes se sorprenden al ser atendidos por una extranjera. Es en ese momento en el que me preguntan de dónde eres. Muchas veces al decirles que soy española se sorprenden y otras muchas te contestan con un feliz “¡¡Hola!!”. Y ay, eso a mí me hace un montón de ilusión. Muchas veces cuando no estamos muy ocupados es muy agradable pasearse entre las mesas y conversar con algunos de los clientes. Muchos te cuentan sobre sus viajes en España, o los sitios a los que les gustaría ir. Otros, incluso, han llegado a pedirme clases de español (yo creo que lo decían en el momento porque estaban borrachitos jaja)

La semana pasada si mal no recuerdo fue el aniversario de la película Regreso al Futuro, el día en el que Marty Mcfly viaja al futuro. Pues ese día yo me puse mi camiseta negra donde está escrito “Back to the Future” y fui así a trabajar. Y vaya, ¡menuda tarde más divertida! No estuvimos muy ocupados y muchos clientes se sorprendieron por la camiseta. Otras incluso gritaron y chillaron y dijeron que “Aaaaaah qué bieeeeen, ¡es hoy, increíiiiiiible!”. Yo me eché muchas risas. Esperaros a que llegue diciembre con su película nueva de Star Wars y lleve mi otra camiseta 😀

  • Clientes que no se van nunca

Esto ya es algo malo y que suele sacarme de mis casillas. A ver, yo soy muy respetuosa con los clientes. Pero cuando pasan horas sin pedir nada y se quedan hasta el mismísimo final sin pedir nada siendo los únicos que están en el izakaya, la cosa cambia. Una vez estuvimos super super super libres y sin apenas clientes. El izakaya cierra normalmente a las 11 de la noche. Pues bien, ese día desde las 8 estuvimos con una pareja de clientes, los únicos, solicos. Varias veces les pregunté que si querían algo ya no para comer, sino para beber. Porque vaya, ya de estar allí, pues que pidan algo, ¿no? Pues no, no, no queremos nada, decían. Hasta las 11 en puntito estuvieron allí. Y mirad, me fastidia mucho que no podamos marcharnos un poquito antes a casa por culpa de clientes así. No quiero llamarlos gorrones ni faltar al respeto, pero ay… ¡es que estaban hablando de colores de pared! La mujer sacó, literal, un libro de muestra de colores de paredes. Es que lo ví. Era grande. Y lo llevaba en el bolso. Yo ya ahí estaba que echaba humo. Además otro problema que hay es que hasta que los clientes no se marchan no podemos empezar a limpiar para no dar mala imagen. Y estábamos todos sin hacer nada. Casi durante dos horas… De verdad… desesperante.

Madre… Me he pasado escribiendo y menuda parrafada os he soltado. Claro que hay más anécdotas, pero me da para un libro. Lo que tengo claro es que haya lo que haya, todo me viene bien para el japonés…

Si vuelve a pasar algo interesante os lo haré saber en una entrada nueva. Hasta entonces, chaito.

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